Ore que los santos estén llenos de fe, orando de acuerdo a la voluntad de Dios, llegando a ser los vencedores quienes aprenden a “hablar al monte” que está bloqueando el camino, ejerciendo la autoridad de Dios para tratar con todas las cosas que nos estorban para proseguir en el camino espiritual—Mr. 11:22b, 23-24; Mt. 4:10a, 11a.

Mr. 11:22b, 23-24—Tened fe en Dios. De cierto os digo que cualquiera que diga a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dude en su corazón, sino que crea que lo que está hablando sucede, lo obtendrá. Por tanto, os digo que todas las cosas por las que oréis y pidáis, creed que las habéis recibido, y las obtendréis.

Mt. 4:10a, 11a—Entonces Jesús le dijo: ¡Vete, Satanás!...Entonces le dejó.

¿Qué es orar con autoridad? En términos sencillos, es hacer la oración de Marcos 11. A fin de entender con claridad esta verdad, debemos examinar detenidamente los versículos 23 y 24. El versículo 24 comienza con las palabras: “Por tanto”, lo cual indica que esta oración es continuación de lo que se dijo antes; es decir, el versículo 24 está unido al 23. El versículo 24 habla de la oración. Esto prueba que el versículo 23 también se refiere a la oración. Lo extraño aquí es que el versículo 23 no parece una oración común. El Señor no nos dijo que oráramos: “Dios, por favor quita este monte y échalo en el mar”. ¿Qué es lo que dice? Dice: “Cualquiera que diga a este monte: Quítate y échate en el mar”. Según nosotros, ¿cómo debe ser una oración? Pensamos que cuando oramos a Dios, debemos decir: “Dios, por favor quita este monte y échalo en el mar”. Pero el Señor dijo algo diferente. El no dijo que nos dirigiéramos a Dios, sino que le habláramos al monte. No es a Dios a quien le hablamos sino al monte directamente, diciéndole que se eche al mar. Puesto que el Señor sabía que muy posiblemente no consideraríamos ésta como una oración, expresa en el versículo siguiente que en realidad sí es una oración. Aunque esta oración no está dirigida a Dios, es en efecto una oración. Es una declaración dirigida al monte, que le dice: “Quítate y échate en el mar”. Aun así, también es una oración. Es una oración con autoridad. Una oración con autoridad no le pide a Dios que haga algo, sino que ejerce la autoridad de Dios y la aplica a la solución de los problemas y a las cosas que deben ser eliminadas. Todos los vencedores tienen que aprender a hacer esta clase de oración; tienen que aprender a hablarle al monte…

Todo lo que debemos hacer es darle una orden al monte: “Quítate y échate en el mar”. Existe una gran diferencia entre pedirle a Dios que quite el monte y ordenarle al monte que se quite. Acudir a Dios y pedirle que haga algo es una cosa; ordenarle directamente al monte que se eche al mar es otra. Muchas veces pasamos por alto esta clase de oración. Muy de vez en cuando oramos aplicando la autoridad de Dios al problema o diciendo: “Te ordeno en el nombre de mi Señor que te marches”. O: “No toleraré más que esto permanezca en mí”. Una oración con autoridad es una oración en la que les decimos a los obstáculos que desaparezcan. Podemos decirle a nuestro mal genio: “Apártate de mí”. Podemos decirle a la enfermedad: “Aléjate de mí. Me levantaré por la vida de resurrección del Señor”. Estas palabras no se dirigen a Dios sino al monte. “Quítate y échate en el mar”. Esta es una oración de autoridad. (El Ministerio de oración de la iglesia, cap. 4)

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