Ore que los santos puedan ver la posición y la autoridad de la iglesia como el Cuerpo de Cristo, al darse cuenta que la posición de la iglesia es exactamente la misma de Cristo, y reclamen y utilicen esta autoridad para aplastar el poder del enemigo—1 Co. 12:27; Mt. 28:18b-19a; Lc. 10:19.

1 Co. 12:27—Ahora bien, vosotros sois el Cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.

Mt. 28:18b–19a—Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones...

Lc. 10:19—He aquí os doy autoridad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre todo poder del enemigo, y nada os dañará.

El primer punto principal es la ascensión de Cristo; el segundo punto principal es la posición de la iglesia como el Cuerpo de Cristo. Debido a que la iglesia es el Cuerpo de Cristo, la posición de la iglesia es exactamente la misma que la de Cristo. Dondequiera que esté la Cabeza, el Cuerpo debe estar. Lo que sea que la Cabeza tiene, el Cuerpo también debe de tenerlo. Adicionalmente, debemos darnos cuenta que somos los miembros del Cuerpo de Cristo (1 Co. 12:27; Ef. 5:30). Ya que el Cuerpo se identifica con la Cabeza, la posición del Cuerpo es exactamente la misma que la de la Cabeza.

El tercer punto principal... se refiere a la autoridad del Cuerpo... La autoridad del Cuerpo es la autoridad de la Cabeza ejercida por el Cuerpo. Por lo tanto, la autoridad del Cuerpo es la autoridad de la Cabeza... Aunque el Cuerpo tiene esta autoridad... debe ser asumida y ejercida por el Cuerpo. Asumir algo significa tomar algo sobre uno mismo. Como la iglesia, el Cuerpo de Cristo, debemos asumir la autoridad de Cristo.

Después de Su resurrección el Señor les dijo a los discípulos que toda autoridad en los cielos y en la tierra había sido dada a Él. Luego les encomendó que predicaran las buenas nuevas a todas las naciones. El Señor dijo, “Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones” (Mt. 28:18b-19a).

Habiendo recibido toda la autoridad, el Señor nos encomendó ir con esta autoridad y predicar el evangelio... El Señor también nos dijo claramente que Él nos ha dado toda autoridad para vencer al enemigo (Lc. 10:19). El enemigo tiene poder, pero el Cuerpo tiene autoridad... Tenemos esta autoridad, pero que la ejercitemos o no depende de nosotros. (CWWL, 1963, vol. 1, “Prayer on the Ground of Christ’s Ascension,” [La oración sobre el terreno de la ascensión de Cristo] págs. 161-162) (Esta traducción no ha sido revisada por LSM)

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