Ore para que el Señor levante más centinelas sobre los muros de Jerusalén que oren y no guarden silencio (Is. 62:6-7).

Is. 62:6-7: Sobre tus muros, oh Jerusalén, / he puesto centinelas; / todo el día y toda la noche / jamás guardarán silencio. / Los que hacéis que Jehová recuerde, / no estéis mudos / ni le deis descanso / hasta que restablezca a Jerusalén / y la ponga / por alabanza en la tierra.

Dios quiere que Jerusalén sea establecida como alabanza en la tierra. ¿Cómo logrará Él esto? Él designó centinelas sobre los muros de Jerusalén para que le recordaran. ¿Cómo deben estos recordarle? No deben ser mudos y no deben permanecer en silencio. No debemos cesar de recordarle, no debemos permitir que Dios se detenga. Debemos orar hasta que Él responda y lleve a cabo Su obra. Dios tiene una voluntad y Su intención es que Jerusalén llegue a ser una ciudad de alabanza, por eso, Él designó centinelas sobre los muros de Jerusalén y les encargó que orasen. Él solo obrará después de que ellos hayan orado. Él les pide que no solo oren una vez, sino sin cesar. Ellos deben orar sin cesar hasta que la voluntad de Dios sea llevada a cabo. En otras palabras, la oración del hombre es el factor que gobierna sobre la voluntad de Dios. Dios está esperando por nuestras oraciones. Solo Dios determina el contenido de Su voluntad; nosotros no lo determinamos, y no tenemos parte en ella. Sin embargo, solo podrá ir allá donde las vías hayan sido instaladas. No es que Dios no tenga poder, sino que Él es controlado por la oración de parte del hombre. Todas las oraciones dignas son oraciones que allanan el camino para la voluntad de Dios. Por consiguiente, si no tomamos la responsabilidad por la oración, frustraremos que se cumpla la voluntad de Dios.

El mundo y todas las cosas del mundo en la cuales las personas se apoyan pasarán. Todo llegará a su fin. Dado que el fin está cerca, debemos ser sobrios para darnos a la oración, para no estar enredados y encantados por el mundo y las cosas del mundo que pasan. Sin la oración, no podremos venir al Señor, esperar en el Señor, o esperar al Señor. Hermanos y hermanas, el fin de todas las cosas está aún más cerca; por lo tanto, deberíamos ser más sobrios para darnos a la oración. Debemos darnos cuenta de que a medida que el fin del mundo y las cosas en el mundo se acerca, las personas se enredarán y serán encantadas aún más. ¿No vemos la influencia del mundo y las cosas en el mundo sobre las personas hoy? Las personas en el mundo están enredadas y encantadas como nunca antes. Podemos vencer esta condición únicamente al ser sobrios para darnos a la oración. Ser sobrio para la oración es especialmente importante dada la influencia enredadora y encantadora del mundo y las cosas en el mundo. (Esta traducción no ha sido revisada por LSM)(CWWL, 1932-1949, vol. 3, "Crucial Truths in the Holy Scriptures, Volume 3," cap. 32)

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