Ore que los santos en la casa de oración aprendan a orar conforme al deseo y el pensamiento de Dios, haciendo oraciones que son preciosas y de peso, que hagan temblar a las puertas del Hades y que afecten a Satanás (Dn. 9:3-4a, 17-18a, 20-23a).

Dn. 9:3-4a, 17-18a, 20-23a—Entonces puse mi rostro hacia el Señor Dios, buscándolo en oración y súplicas, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré a Jehová mi Dios, e hice confesión...Ahora pues, oh Dios nuestro, oye la oración de Tu siervo y sus súplicas, y haz que Tu rostro resplandezca sobre Tu santuario asolado, por amor del Señor. Inclina, oh Dios mío, Tu oído y oye; abre Tus ojos y mira nuestras desolaciones y la ciudad que es llamada por Tu nombre...Mientras seguía hablando, orando, confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel y presentando mi súplica delante de Jehová mi Dios por el santo monte de mi Dios, aún estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel...vino a mí, estando yo muy cansado, como al tiempo de la oblación de la tarde. Y me informó, y habló conmigo diciendo: Daniel, ahora he salido para darte perspicacia con entendimiento. Al principio de tus súplicas se dio el mandato, y he venido a decírtelo, porque tú eres la preciosidad misma. 

For further reading please refer to , vol. 38, “General Messages (2),” pp. 453-457.

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