Ore para que los santos se den cuenta de la fuente de la maldad—reprimir la verdad con la injusticia, no aprobar tener a Dios en su pleno conocimiento, no glorificar ni adorar a Dios, y cambiar a Dios por ídolos. Ore también por todos los santos, especialmente por los jóvenes, que conozcan el camino de restricción de la maldad y practiquen esta manera (Ro. 1:18-21, 25, 28-32; 2:14-15).

Ro. 1:18-21—Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que reprimen la verdad con la injusticia; porque lo que de Dios se conoce es manifiesto en ellos, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de Él, Su eterno poder y características divinas, se han visto con toda claridad desde la creación del mundo, siendo percibidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su corazón, falto de entendimiento, fue entenebrecido. 

Ro. 1:25—Ellos cambiaron la verdad de Dios por la mentira, adorando y sirviendo a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.

Ro. 1:28-32—Y como ellos no aprobaron tener en su pleno conocimiento a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, maldad, codicia, malicia; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, calumniadores, aborrecedores de Dios, insolentes, soberbios, jactanciosos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, sin misericordia; quienes, a pesar de conocer bien el justo juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.

Ro. 2:14-15—Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia junto con ella, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos.

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